Estadio Azul - Cruz Azul

Para ser de Cruz Azul hay que tener un gran sentido del humor.

Siempre me había llamado la atención este templo a la esperanza, tan bien ubicado, tan causante de embotellamientos, tan lleno de pasiones y de miedos. Rodeado de edificios y vías importantes el Estadio Azul es uno de los centros deportivos mejor ubicados de la Ciudad de México. Por supuesto que teníamos que ir a conocerlo especialmente tras la noticia de su próxima demolición y la construcción de un nuevo Estadio Azul.

La parada obligada, previa al partido, es sin duda los Tacos del Villamelón, que con más de 50 años, tantos comentarios, referencias y tributos (reconocidos o no) en menús no sólo en CDMX no discrimina entre equipos o procedencias... ni entre preferencias de alimentación: Lalo pudo enchilarse con un taco de nopal y una quesadilla. En lo personal nunca había comido un Taco Campechano en la Sede, así que empezamos con pie derecho el ritual. El local, una hora antes del partido, ya estaba lleno de gente con playeras tanto de Santos como de La Máquina.

Caminar junto a La plaza de Toros te invita, aunque no sea tu objetivo principal, a conocer ese espectáculo. Recuerdo "La Emperatriz de Lavapiés" mientras Dahir nos señala la puerta por donde salen los toreros en hombros... Debe ser toda una experiencia. Quizás la incorporaremos al itinerario. De pronto, sorpresivamente te encuentras frente a la puertas. Me parece un  Estadio que podría ser calificado hasta de discreto. Así, escondido entre edificios y camellones, árboles y esquinas tan variados. Es tan sencillo entrar que no se dimensiona que ya estás frente a una de las canchas más dramáticas del futbol mexicano. ¿Cuántos dolores no se han sufrido en estas gradas?!. Cualquiera que siga el deporte recuerda aquél drama de final frente al América.

Sí, entiendo inmediatamente la intención de renovación. El Estadio Azul exhala historia en su concreto de 70 años... y necesidad de modernidad. Apenas se escucha el sonido desde las bocinas que se ven claramente a nivel de cancha. Me sorprende el silencio, podríamos decir que hasta tranquilidad. Está todo ahí, a la expectativa relajada del encuentro que está por comenzar. Frente a mí un aficionado veterano, con su boina y su calma. Junto a él una pareja que, de pronto caigo en cuenta, trae a un bebé que no debe ser mayor a los 3 meses. Tal es la confianza que tienen en la sede de su equipo, en un sábado tan tranquilo como el de 16 de septiembre.

No podriamos haber tenido mejor entorno. Los asistentes de la fila justo detrás de nosotros toman todo con un humor increíble, si parece 'chocorol' el otro jugador, si se tarda el vendedor de las Maruchans, si "El Chaco" el héroe de este óvalo juega con bastón incluido. Carcajadas y risas estresadas al ir abajo en el marcador.  Las chelas las encargas y te las traen recién servidas, nada de esas asoleadas que van cargando en otros lugares. Incluso si tienes suerte te toca vaso especial. "Picsas" y "Churritos" como de costumbre mientras la Porra Local, que queda en el otro extremo, apenas y se hace oír.

No. No hay porras especiales, pero el comentario jocoso está siempre presente. "!Déjenlo Morir!" gritan mientras se esperan las asistencias; "Atropéllalo" cuando llegan en su carrito de golf. "Vamos a cruzazulear al Santos" dice el amigo tras de mi, "vas a ver como queda dos - uno". Es el innegable acento de defeño típico, con la sorpresa de la risa ante la ironía de la historia y los tropiezos que ha enfrentado el equipo de sus amores. Lalo trae puesta una playera azul de Los Ángeles Clippers, dice Griffin en la espalda y, claro, hay que echar carrilla y convivir. "¿Quíen es ese?", "¿Va a entrar de cambio?", "Se equivocó de deporte". Risas y camaradería mientras el árbitro pasa de Culero a Justo al expulsar a 3 contrarios. Y no olvidar el "¡Lánzate al Oxxo por un Six!" cuando se cierra la venta de cervezas media hora antes de que acabe todo.

El Estadio Azul puede parecer dormido hasta que llega el GOL. No importa quien o si fue un golazo (como es el caso), la entrega en ese grito particular, en el brincar de la butaca y aventar la chela a medio morir. Porque hay algo que celebrar, aunque sea pequeñito y momentáneo, aunque tengamos tatuado en el nombre y la cultura popular lo que es quedarse en el casi. ¿Qué más da? Siguen sonriendo y bromeando y festejando que ahora vamos ganando y remontándosela al otro.

Para de ser de Cruz Azul hay que tener un gran sentido del humor, hay que entender la vida. No siempre se levantan los grandes trofeos, incluso te puedes convertir en referente de una gran lucha cuyo resultado no es el esperado, o hasta merecido. El ánimo se mantiene y me llena de alegría, es como la vida. No sabemos que habrá al final del torneo, quizás como antes nos quedemos "tan cerca y tan lejos", pero sin duda, cada GOL, lo gritaremos con el alma.



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